martes, 30 de junio de 2020
Viven en mi habitación. Escondidas en los rincones. Desconfiadas y temerosas. Expectantes. Algunas noches, cuando cierro los ojos, las escucho juntarse a mis pies, y, una a una, suben por mi pierna, rodeándola en espiral, hasta perderse en todos los recovecos de mi cuerpo. Yo me quedo quieto. Sé que el más mínimo movimiento las espantaría. Tan sólo puedo esperar que algunas lleguen a mis labios. Y confiar en que sean justo las que quieres oír.
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