domingo, 25 de junio de 2017

El espejo

Su espejo estaba roto. No funcionaba bien. Cada vez que intentaba mirarse en él, se encontraba con alguien diferente. 

Había mañanas en las que un pequeño de sonrisa burlona se ponía de puntillas para asomarse al otro lado. Otras, veía a un señor mayor de rostro algo arrugado, manchado por el paso del tiempo. Y algunas de sus pecas. A veces se encontraba con la mirada orgullosa de un hombre bien vestido y cicatrices donde él tenía heridas. Y otras, esa mirada venía de algo más lejos, y gritaba de arrepentimiento. Había ocasiones en las que veía a alguien parecido a él. Tan parecido, de hecho, que habría quien diría que eran la misma persona. Algunas veces, incluso, aquellos impostores llevaban camisetas que conocía con rotos que también. Y otras, que lucían orgullosos tatuajes que se quería hacer. Los había que parecían querer ser como él. Y otros que se arrepentían de haberlo sido. Todos le miraban de forma distinta. Pero siempre como si le conocieran. Con la familiaridad, y algo más que no sabría decir, de una palabra que mira a los labios que la dijeron. O evitaron hacerlo.

Cada mañana alguien tan diferente como igual que él imitaba sus movimientos. Le mantenía la mirada. Y sin mover los labios, le contaba historias. Historias que no conocía con personajes que sí. Y algunos que no, pero le caían bien. A veces eran historias que ya sabía. Que dolían. Otras, historias que no recordaba. Y dolían menos. Y otras, historias con finales que aún no había llegado a ver. Que no quería ver. Y dolían más.

Llegaba tarde a todas partes. Y siempre despeinado. No podía evitarlo. Le gustaba ver pasar el tiempo delante del espejo.


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