lunes, 19 de diciembre de 2016

Estás escrito al revés, me dijo. Cómo si no iba a leerme cuando me miro al espejo. Es mejor así. Cada uno por su lado del folio. Dolió en su momento, no en el mío. Sí o no? Nótese la ironía. No te sé decir cuándo dejará de llover, o cuántas tildes más habré de dejar en el camino para no perderme a la vuelta. Esta la necesito. Caminó hasta el fin del mundo con él de la mano y al llegar dijo: suelta. Porque una historia triste no es tan triste como una historia sin final. Y el mundo es un lugar bonito. A veces. Hay verdes que son más azul que verde. Ver que tiene nada. Con nada. Nada tiene que ver. Con nata. Ojalá nunca nata. No me gusta la nata. Ojalá siempre tono. Con de de ver. De. Como te pero sin te. Como contigo pero sin ti. Y allí que voy. Cualquier sitio me vale. Lejos de ojalás de hojalata que no aguantan su propio peso. De besos que saben a café y de sopas de menos sin una pizca de sal. Me echas? Lo sabía. A café. Pero no por ello dejé de querer más. No sé dejar de querer. No sabía. Y no sabré. A nata. Quién sabe. Tú no. Quizás algún día volvamos a nos los cinco sentidos. Mientras, te dejo un me que me sobra para que puedas pensar. Pero no lo pierdas, que conozco. Que conozco. Mierda. Iré a calentar algo más de agua.

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