viernes, 9 de diciembre de 2016

Hola

Hola. Te basta con un hola? Por algún sitio hay que empezar. A mi me gustan los hola. Pero las prefiero sin h, me encanta el mar. Y la playa si no hay mucha gente. No me gusta la gente, la prefiero sin g. Porque ente es una palabra algo abstracta. Y me gusta lo abstracto. Ponle una r y quítale el abs, que no creo que lo necesite. No se alcanza mucha velocidad con un tractor, no? Bueno, si es amarillo igual sí. Pero quién ama, tú o yo? Mejor tú, que amar y yo creo que no somos compatibles. Mismo fonema y diferente grafía, qué curioso, como lo de Marie Curie y el oso. Curie... Oso... Vale, ese es muy malo, pero la historia es bonita. Aunque qué historia no es bonita. Ya. Claro. Esta. Pero esta es otra historia. O esa, quizás. Sí, más cerca de aquella. Nunca te has preguntado las distancias exactas en las que esta pasa a ser esa y esa se convierte en aquella? Yo tampoco. Una vez conocí a una Tam. Pero la conocí poco. También es cierto que conocí a una Tam una vez. Y la conocí bien. Hay muchas cosas ciertas por el mundo. Muchas certezas. Y muchas cerezas. Aunque no suficientes, nunca hay suficientes cerezas. Están tan ricas que me sobra una t. La dejamos en te, porque esa e no está pero a la vez sí. Como tú. Pero tú no es te, y con un te quedan bien muchas cosas pero con un té lo mejor son las galletas. Té con galletas. Y té quiero pero el te me gusta más con como. Te como. Cómo? Cuándo? Y por dónde iba? Ah sí, sobre historias bonitas. Bonita. Qué palabra. No sé qué hacer con ella. Y con historia menos. No he acabado de escribirlas y ya se despegan del papel. Huyen. Todo lo rápido que sus piernecitas inexistentes de palabras se lo permiten. Espera. Que vuelven. Van y vienen. Juegan. A pillar. Como en el patio del colegio. Bonita paga. Pero la historia es más rápida. Y por eso se queda sin ser bonita. Qué triste. La que siempre gana. Y compro una s. Qué ganas. No, que qué ganas. Es que son muchas las ganas. Todas puestas en fila una detrás de otra que en el espejo es arto y si cojo la h que el mar dejó olvidada en la orilla podría decir que lo estoy. Pero no, me la guardo. Y espero sentado en la arena a que venga la próxima ola. Que por algún sitio hay que empezar.


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