viernes, 9 de diciembre de 2016

Cuando yo no soy yo



De camino a donde fui aquello que no pude ser, con el monstruo arañando mis entrañas, peleando por salir, por ver. Mis brazos ya no son los míos, de cortes limpios asoman cientos de ojos vacíos, tan llenos de nada que apenas caben más almas y lágrimas sangran o sangre lloran y ahora a deshora es el gato el que osa posarse en la losa que cargan mis hombros, que enrollado sobre sí mismo bosteza con gusto, astuto ladrón de aire. Quédatelo, ya no necesito. Y esos hombros, mis hombros. Mis hombros ya no son los míos, explosiones de hueso y cartílago abren paso al ocaso que causa las ganas de tantas y tantas y tantas joder son tantas las ganas. No suena bien este silencio. Cómo va a sonar bien si tocas en sol cuando yo estoy en luna. Si gritas a ciegas palabras desnudas que no sabes a qué saben, y mi pecho te susurra las que no quieres oír, pero adivina qué. Mi pecho ya no es el mío, y abierto de par en par es él quien me dice que pase y me siente, que no hay azúcar más amargo, que elija un libro de la estantería, que esta vez va para largo.


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