Los fuegos artificiales estuvieron bien, aunque no duraron demasiado. Acompasados y multitudinarios "oooh" sonaban con frecuencia y el cielo se iluminaba mientras de fondo aquel pedazo gigante de roca se iba acercando poco a poco a la tierra (un poco a poco relativo, vale). Los niños señalaban hacia las luces de colores con asombro mientras sus padres asentían y aplaudían, y de vez en cuando les preguntaban alguna obviedad del estilo "¿has visto qué bonito?". Jóvenes y no tan jóvenes apoyados en la barandilla discutían sobre el último capítulo de alguna serie o se quejaban del trabajo o los exámenes, otros simplemente observaban en silencio, y los más apañados incluso se habían montado la mesa con un aperitivo y se sentaban relajados a tomar algo. Todo muy familiar. Cuando acabaron los fuegos artificiales, la mayoría aún siguió en sus balcones disfrutando de un agradable rato con los suyos echando de vez en cuando una mirada al cielo para ver cuánto había avanzado aquello desde la última vez.
Me gusta observar a la gente, pero no pude contenerme. Cuando empezó a estar cerca, que ya se veía un poco mejor que en efecto era un trozo de luna, con sus cráteres y sus cosas de luna, entré a por mi cámara. Se me pasó su nombre por la cabeza mientras la cogía pero me esforcé por apartarlo centrándome en otras cosas como las explosiones y los destrozos a mi alrededor. Estuve un rato haciéndole fotos al meteorito y a los pedazos que se le desprendían y caían sobre edificios cercanos rompiendo fachadas y haciendo saltar ladrillos, hormigón y polvo por todas partes (en blanco y negro creo que quedarían bien). No parecía ir demasiado rápido, pero en apenas un rato había llegado a tapar casi el cielo por completo y la luz que dejaba pasar era cada vez más escasa. Se escuchaban derrumbamientos y algunas columnas de humo se alzaban imponentes tras los edificios cercanos. Yo me entretenía con mis fotos, pero había gente que ya se aburría y volvían a sus casas a seguir haciendo lo que estuvieran haciendo antes de saber que un trozo de la luna iba a estrellarse contra la tierra. Me imagino que eso de saber el final siempre le quita interés al asunto.
Creí escuchar el teléfono y entré a asegurarme de que no había sido así. En efecto, no había sido así. Me lo metí en el bolsillo y cuando iba a volver a salir noté cómo empezaba a vibrar. Miré el nombre que aparecía en la pantalla y el corazón se me aceleró. Lo seguí mirando un rato con incredulidad hasta que volví en mi, y me senté en el sofá tras cerrar un poco la puerta del balcón. El ruido de fuera empezaba a ser molesto.
-¿Sí?
-Hola, ¿has visto lo de la luna?
-Sí, aquí estaba haciéndole unas fotos.
-Ya, yo también lo haría si pudiera.
-Es verdad, ya me contaste lo de tu cámara. Pero bueno, al final es todo el rato igual.
-Ya... Bueno, supongo que sólo llamaba por lo del fin del mundo y eso, quería saber si estabas bien.
-Pues sí, por aquí estoy... La verdad es que me alegro mucho de oírte.
-Yo también tenía ganas.
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