domingo, 2 de junio de 2013

Una mañana cualquiera

Abrió los ojos de golpe. Tan sólo movió los párpados, el resto de él siguió inmóvil, tumbado como estaba boca arriba, abandonado completamente a merced de las leyes físicas. Fueran cuales fueran.

La tenue luz del amanecer se colaba a ráfagas por los huecos que dejaban las cortinas cuando el viento entraba por la ventana y las hacía bailar, y los restos de oscuridad corrían a esconderse rápidamente en todos los rincones y recovecos que encontraban, huyendo con miedo de ella. Los folios que en otro momento habían estado encima de la mesa del escritorio eran ahora pájaros de papel que revoloteaban despreocupados por la estancia, y las palabras que encerraban aprovechaban para saltar de uno a otro cada vez que chocaban entre ellos, desmontando sus viejas y tristes historias y creando algunas nuevas, quizás más interesantes y seguro más curiosas. El montón informe de ropa que dormía en la silla había despertado ya, y se entretenía dando saltitos y jugando a atraparlos sin mucho éxito lanzando al aire mangas de camisas y algún que otro camal de pantalón mientras el reloj de la mesilla de noche le molestaba haciendo que el tiempo avanzara y retrocediera a su antojo con el simple movimiento de sus agujas. Algunas de sus canciones se ahogaban en los charcos que había en el suelo, y, aunque con menor intensidad que durante la noche, el agua de lluvia seguía cayendo de la almohada, que flotaba a media altura como si de una nube se tratase.

La cama era el planeta alrededor del cual orbitaba todo ese caos. Un planeta desierto, deshecho, abandonado, que descansaba majestuoso en el centro de aquella habitación donde ya sólo quedaban ligeros restos del aroma violeta con trazas verdes que solía impregnar el ambiente, y el crujido de las miles de palabras en efervescencia enmascaraba el eco de cualquier sensación que aún se pudiera oír.

Él miraba desde abajo, sin llegar a plantearse por qué estaba allí, ni cómo había llegado. Sin plantearse siquiera si aquello era posible. Sin plantearse nada. Sin pensar en nada.

Y así pasó esa mañana que despertó tumbado en el techo de su cuarto.



No hay comentarios:

Publicar un comentario