sábado, 10 de octubre de 2020

Autorretrato

 Andaba distraído, como si sus pies decidieran a dónde ir por sí solos sin que le importara lo más mínimo la dirección. Las zapatillas anchas sin atar y medio sueltas dejaban entrever a cada paso unos calcetines de colores llamativos y desiguales que se escondían al final de sus vaqueros, negros, desgastados, no muy ajustados, que parecían haber vivido tiempos mejores. La camiseta era gris moteada, larga y ancha, aunque no lo suficiente para esconder del todo las formas de la parte alta de su espalda, omoplatos y hombros ligeramente marcados como cumbre de un cuerpo delgado pero proporcionado. Las mangas cortas bailaban escondiendo a momentos tatuajes que no llegaba a distinguir, dejando ver unos brazos de piel clara, a la que quizás le faltara algo de sol, que acababan en unas manos marcadas y alargadas.

Casi sin que me diera cuenta, se detuvo, y giró por completo su cuerpo como si hubiera estado escuchando mis pensamientos. Una barba descuidada con manchas canosas en los costados que hacía días se podría haber dicho que era barba de unos días, escondía unos labios finos y estrechos, dividido el superior por una fina cicatriz que otorgaba un aire indiferente y carismático a su expresión. Decenas de pecas se repartían de forma irregular por sus mejillas, así como por una amplia frente que no ocultaba ciertas entradas a un pelo corto, pero no mucho, moreno y revuelto.

Los pendientes de sus orejas aún chocaban entre ellos con los resquicios del movimiento que había impregnado su cuerpo. Se colocaba las gafas, algo caídas, en su sitio, encima de esa estrecha y pecosa nariz, cuando su mirada, atravesando cristales de reflejos azules, se cruzó con la mía. Unos ojos pequeños, castaños, oscuros y profundos se apoyaron en los míos. Como descansando después de un largo viaje. En algo parecido al alivio y la desconfianza de quien encuentra aquello que ya dejó de buscar.

Y en ese instante, el tiempo se detuvo.

Ya ves. Trece mil setecientos ochenta y siete millones de años de tiempo constante y unidireccional sin percances. Y tenía que romperse justo ahora.

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