Soy alérgico a mi gato. Bueno, soy alérgico a todos los gatos. Supongo (no me he hecho las pruebas), pero el mío es con el que tengo contacto todos los días. Y mucha casualidad sería que me escuezan los ojos sólo cuando estoy con él.
Curioso animal el gato. Siempre durmiendo, y cuando se despierta, lo único que quiere (además de comer) es que le acaricien. Él se tumba al lado mío y me restriega la cabeza por el brazo o me da graciosos golpecitos con la pata como diciendo "eh, oye, que estoy aquí, que me acaricies, oye, hazme caso, que me toques, que me des amor". Porque eso es lo que hace, pedir amor. Aunque yo creo que esa también es su forma de darlo. No soy experto en psicología gatuna, sólo aficionado, pero cuando se me sube por encima y me restriega su cabeza peluda antes de tumbarse ronroneando tan pegado a mi como la física lo permite, yo creo que me está diciendo que me quiere. Y me gusta. No me puedo resistir cuando me mira con esos ojitos. Pero claro, soy alérgico a mi gato. Y recibir su amor me cuesta unos no muy agradables picores en nariz y ojos, tos, estornudos, y cuando me siento muy solo que no puedo evitar acariciarlo durante horas, hasta unos pequeños granitos en los brazos molestos como ellos solos.
Hace un tiempo conocí a una chica. Bastante guapa, la verdad, y muy maja. Hablamos mucho todos los días, y hemos quedado unas cuantas veces. Todo muy bien, aunque no nos habíamos acostado hasta esta noche. Ayer me dijo que sus padres se iban un par de días y me invitó a pasarlos con ella en su casa. Cenamos juntos allí y vimos una película. Bueno, un trozo. Estuvo muy bien, la verdad. No, de la película no presté atención ni al título. Parecía algo fría y distante al principio, pero cuando se soltó, fue todo fuego. Y a mi me encanta jugar con fuego. Ambos nos divertimos, disfrutamos con cada movimiento. Con cada roce. Desde la más suave caricia hasta algún que otro inevitable mordisco (yo soy muy de morder, aunque mi espalda se acordará de sus uñas unos días). Fue increíble. Fueron increíbles. Sus ojos estaban preciosos cuando acabamos. Brillaban como dos lunas, y tan sólo podía apartar la mirada unos centímetros de ellos, hasta llegar a su sonrisa. De allí ya me era imposible pasar. Y eso que seguía desnuda, y cada curva de su cuerpo era una oda a la sensualidad, y cada centímetro de su erizada piel rebosaba placer, dándole un un ligero tono rojizo que resplandecía a la luz de la lámpara de noche. Sentía algo. En esos ojos. En esa sonrisa. Lo sentía hasta en la forma que su mano cogía la mía. Algo que no conocía. Aunque me resultaba familiar. Habría estado toda la noche observándola, tratando de descubrir qué era, si no fuera por el escozor que me entró en los ojos.
Acabamos por dormirnos. No sé muy bien qué hora sería, pero el reloj marca ahora las 5:32 y la verdad, no creo que haya podido dormir más de una hora. Su brazo descansaba en mi pecho cuando he abierto los ojos, y sus labios aún dibujaban una media sonrisa. He tenido cuidado de no despertarla al levantarme, pero no aguantaba más el escozor que ahora se había extendido hasta la nariz. Me he venido al comedor con el ordenador, porque con estos estornudos que me asaltan no creo que pueda volver a dormirme. Además me han salido unos granitos por el pecho y los brazos parecidos a los que me salen cuando duermo con mi gato, y pican como unos condenados.
Ella no tiene animales en casa. No sé por qué me viene la alergia. Igual le tengo alergia a ella... Menuda idiotez. Quizás... No, no tiene sentido. Hombre, eso explicaría también lo de mi gato. Pero... No sé, mañana pediré hora para hacerme las pruebas. Aunque... Si es que no puede ser. Pero si fuera... ¿Cómo lo podría saber? La verdad, no creo que el amor lo tengan entre los alérgenos habituales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario