El ruido de su teléfono la despertó.
"No sé por qué te escribo. No sé siquiera por qué aún guardo tu número. No sé por qué hay lágrimas en mi almohada. Y no sé por qué, pero saben a ti."
Le costaba abrir los ojos del todo, y en sus mejillas permanecía el dibujo ya reseco de algunos de los salados sentimientos que habían recorrido su rostro la noche anterior. Un dibujo cuyo trazo tenía principio, pero no final.
Le había llevado mucho tiempo. El mismo tiempo que había estado deseando volver a verle. El mismo tiempo que había estado sin verle. Pero no le resultó fácil volver a pegar los trozos, cada uno en su lugar, de un trozo de papel que nunca había existido.
El primer final
¿Alguna vez has oído atentamente el sonido del papel desgarrándose? ¿Has visto cómo sus fibras se parten, cómo esa grieta que empieza con el roce de su piel avanza sin seguir ningún patrón, no dejando más que caos a su paso hasta que sus manos están tan separadas como los dos pedazos de ese todo que antes era y dejó de ser?
Él sí. Él lo oyó. Él lo vio.
Ella lo sintió.
El primer nada
-No lo sé.
El primer todo
-Siempre.
El primer beso
No fue sólo un beso.
La primera noche
-Llegas tarde.
-No eres el único al que tengo que visitar.
-¿Has estado con otros antes de venir conmigo?
-Sí.
-¿Y cómo se supone que debo sentirme?
-Tú sabrás, es tu sueño.
-¿Y cómo te sientes tú?
-Te lo diré dentro de un rato. Yo aún sigo despierta.
La primera mirada
Y con aquella mirada firmaron un contrato no escrito. Ambos se comprometían a aparecer en los sueños del otro cada noche desde entonces.
El primer principio
-Perdona, ¿tienes un folio?
Le había llevado mucho tiempo. El mismo tiempo que había estado deseando volver a verle. El mismo tiempo que había estado sin verle. Pero no le resultó fácil volver a pegar los trozos, cada uno en su lugar, de un trozo de papel que nunca había existido.
El primer final
¿Alguna vez has oído atentamente el sonido del papel desgarrándose? ¿Has visto cómo sus fibras se parten, cómo esa grieta que empieza con el roce de su piel avanza sin seguir ningún patrón, no dejando más que caos a su paso hasta que sus manos están tan separadas como los dos pedazos de ese todo que antes era y dejó de ser?
Él sí. Él lo oyó. Él lo vio.
Ella lo sintió.
El primer nada
-No lo sé.
El primer todo
-Siempre.
El primer beso
No fue sólo un beso.
La primera noche
-Llegas tarde.
-No eres el único al que tengo que visitar.
-¿Has estado con otros antes de venir conmigo?
-Sí.
-¿Y cómo se supone que debo sentirme?
-Tú sabrás, es tu sueño.
-¿Y cómo te sientes tú?
-Te lo diré dentro de un rato. Yo aún sigo despierta.
La primera mirada
Y con aquella mirada firmaron un contrato no escrito. Ambos se comprometían a aparecer en los sueños del otro cada noche desde entonces.
El primer principio
-Perdona, ¿tienes un folio?
No hay comentarios:
Publicar un comentario