Hace unos días ya me avisó de que probablemente vendría a visitarme.
Yo tenía proyectos entre manos, algunas cosas con las que entretenerme. Universidad, nuevos amigos, pequeños trabajillos por mi cuenta (más por ocio que por remuneración, pero de esos que disfrutas haciéndolos), e incluso un proyecto de esos de relaciones interpersonales con alguien del sexo opuesto (o de tu mismo sexo, cada uno con sus gustos, yo de momento sigo mirando hacia el otro lado, pero no sé, algún problema debo tener de comprensión o de subnormalismo cuando una mujer se me acerca, y que si pudiera elegir me da a mi que tendría más éxito en la otra acera. Y no sólo lo digo yo, que tengo un amigo que... Espera que me voy por las ramas, ¿por dónde iba? ah, sí, proyectos de relaciones interpersonales con alguien del sexo opuesto...) hacia el que te sientes atraído. Sí, vamos, una chica que estaba conociendo y que me llamaba la atención, por decirlo así, que despertaba mi curiosidad, también, que me levantaba el... ánimo cada vez que la veía.
Pero vamos, simplemente eso, que tenía mis cosillas y no le presté atención cuando me lo dijo. No sería la primera vez que dice que vendrá simplemente para asustar.
En fin, que todo proyecto tiene sus momentos críticos, y cuando tienes muchos proyectos puede ocurrir que que esos momentos críticos se alineen, y como podemos observar en multitud de profecías de esas de "se alinearán las lunas de Júpiter con Saturno y las cabezas de tres chinos negros formando una conjunción astral que hará que el sol se abra por la mitad dejando salir 27 titanes formados de una combinación de PVC y materia oscura que engullirán el universo galaxia por galaxia" o algunas por el estilo, cuando las cosas se alinean es que mal vamos.
Tuve suerte de que esa alineación de críticos despropósitos ya me había llevado (no sé si sería parte de la profecía o no) a beberme un par o dos de cervezas en la amarga soledad de mi cueva/habitación, así que cuando sonó el timbre de la puerta las ganas de levantarme de la silla e ir a abrir eran cercanas al cero absoluto.
-Abreeee -se escuchó en la aparente lejanía que dos puertas cerradas entre medias de locutor y oyente provocan con una armoniosa e irónica melodía a modo de cantilena- sé que estás ahíiii...
Su puta madre.
Pude reconocer perfectamente esa voz. Esta vez era verdad. Había venido.
Estuve rápido en la reacción (para la ya decente cantidad de alcohol que llevaba en el cuerpo). Con algo de esfuerzo me levanté de la silla y salí de mi cuarto. Al llegar al comedor pasé de largo silenciosamente de la puerta de casa y me fui a por la botella de licor 43 que guardo en el armario de la cocina para ocasiones especiales.
-¿En serio piensas que no te he oído? -esta vez sólo había una puerta entre nosotros así que su voz sonó más clara, lo que me produjo más desdén hacia ella todavía.
Haciendo caso omiso, cogí la botella y un vaso y volví a mi cuarto (todo lo silenciosamente que pude e imitando los movimientos del Solid Snake del primer Metal Gear Solid, tras lo que no pude evitar reírme de mi mismo como el típico tonto que se ríe él sólo con sus propios chistes). Cerré la puerta y me senté de nuevo delante de la pantalla del ordenador, de donde salía la única luz que alumbraba la decadente figura que allí se postraba llenando poco a poco el vaso de ese dulce y empalagoso (bendito) licor amarillento.
-¡Estoy aquí! ¡Y vas a verme quieras o no! ¿Me oyes? ¡No te librarás de mi! -eso seguramente lo habrían oído prácticamente en todo el edificio por muchas puertas y sensación de lejanía que éstas pudieran provocar.
Iba a ser una noche dura, así que abrí una página de youtube para buscar vídeos de risa o cualquier absurda idiotez que se me ocurriera y tras unos tragos de aquella ambrosía (sí, me gusta mucho esa jodida bebida) decidí que con el siguiente iba a adjuntar una de mis pastillas mágicas. Benzodiacepinas para el alma.
Creo que no fue la única.
Por supuesto tampoco el último trago.
No recuerdo mucho más.
Creo que ni siquiera llegué a masturbarme.
A la mañana siguiente desperté con un importante dolor de cabeza y la boca seca. Una buena resaca prometía acompañarme a lo largo del día. Pasé un rato bebiendo agua y mirando mierdas en internet, respuestas a twits que no recordaba haber escrito y esas típicas cosas que suceden en estos típicos casos en los que te pones ciego tú sólo en tu casa buscando cosas raras en internet (cómo que no es típico... ¿En serio? ¿soy el único? Vamos, no me jodas... ahora seré yo el raro). Todo marchaba según lo previsto hasta que decidí ir a por algo para desayunar.
Al llegar a la cocina abrí la nevera para coger la leche y...
Su puta madre.
Mi estante de la nevera estaba vacío, tan sólo quedaba el cartón que anteanoche había guardado los botellines de cerveza. Y al lado, tumbada boca abajo sujetándose la cabeza con las manos y con una siniestra sonrisa en sus labios, estaba ella.
-Te dije que no te librarías de mí.
-Joder... ¿Pero así de repente? ¿Dentro de mi nevera?
-La tienes vacía... ¿No te parece motivo suficiente?
-Supongo... -hice una breve pausa pensativa- Anda sal, no sea que de una hipotermia y te mueras ahí. Aunque mira, así tendría algo de carne que comer...
-No tendrás esa suerte, amiguito- terminó con retintín mientras bajaba del estante y comenzaba a crecer y crecer hasta alcanzar su estatura normal (era un poco más alta que yo. Era un poco más todo que yo).
Cerré la nevera y me apoyé en el banco mirando al suelo con desánimo. Recordé la alineación de los planetas. Volví a ver a los titanes saliendo del sol y empezando a devorar galaxias. Hijos de puta de los titanes, cómo devoraban.
-Vamos, no pongas esa cara. No es la primera vez que nos vemos -dijo con tono maternal. Se hizo un rato de silencio. Yo no tenía ganas de hablar aunque ella parecía estar esperando a que lo hiciera.
-Bueno, ¿y ahora qué? -tuve que decir por fin, no soportaba su mirada.
-Tú sabrás, tú eres el que tiene que decidir.
-Pero tú eres la que ha venido a mi.
-Porque tú me has llamado.
-Yo no te he...
-¡Y no me digas que no me has llamado! -me cortó- ya sabes cómo funciona esto. Tus expectativas, tus deseos, tus anhelos... y tus fracasos, tus obsesiones, tus dudas... Todo eso es lo que me ha traído aquí. Y todo eso eres tú. Ergo tú me has traído aquí.
Se hizo otro silencio. Esta vez más largo. Siguió con su mirada fija en mi hasta que decidió darse la vuelta y salir de la cocina.
-En fin, creo que voy a instalarme, ¿dónde queda tu cuarto? -dijo sin mucho interés- y cuando quieras empezamos con lo nuestro, ya sabes...
-No hay prisa... -a ver si cuela.
-¿Qué vas a hacer con el examen del lunes? ¿y cuándo vas a hablar con tu padre? ¿qué sabes de tu abuela?
-Espera, espera. Todo a la vez no...
-Y llevas 2 semanas sin ver a tus amigos, ¿cuándo volverás a casa? -ya no me escuchaba- ¿y qué le dirás a tu madre? -siempre con lo mismo...- Vale, ya cambio de tema... -hija de puta, qué rabia me da que sepa lo que pienso- ¿realmente quieres acabar esta carrera? ¿y crees que puedes hacerlo? y por cierto, ¿has mirado últimamente tu cuenta bancaria? no tiene buena pinta... ¿Para cuándo un trabajo de verdad? -su voz se iba alejando mientras llegaba hasta mi cuarto- ¿y aquí es donde vives? -casi pude ver su gesto de repugnancia mientras hacía esta pregunta- ¿estás a gusto realmente? y ya que estamos, ¿cómo llevas la ansiedad? -se escuchó como rebuscaba por los cajones- ahá, tranquilizantes... Y tanta botella de cerveza vacía... Podrías tirarlas al menos -tintineo de cristales-. Oye, ¿y no te sientes mal estando tan solo?
-Pues...
-Hablando de soledad -aquí su tono de voz dejó entrever un incremento de interés-, ¿y con ella? ¿qué vas a hacer con la chica? No, espera, esta me la sé. ¡Nada! ¡jijijiji!-soltó una desagradable risilla que me sentó como mil agujas clavándose en mi espalda seguida de un suspiro de satisfacción y una breve pausa- ¡Ay! Cómo me gusta mi trabajo...
Y así estamos. Así seguimos. Día tras día. Noche tras noche. ¿Hasta cuándo? No lo sé. Tantas preguntas y tan pocas respuestas. Ahora somos dos en mi cuarto. Somos dos en mi vida. Mi vida... ¿Mi vida? En esta vida, sea de quien sea. Ahora manda ella.
Me ha dicho que Crisis Existencial es demasiado largo, que prefiere que la llame Cris.
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