Cuando abrió los ojos, ya no estaba allí. No quedaba más que el vacío que había dejado, y un ligero aroma a almizcle con un toque que nunca supo lo que era, pero que siempre le recordaba a ella. No la había visto marchar. Y cayó en la cuenta de que tampoco la vio venir. Todo fue tan inesperado, tan intenso... Quizás demasiado para ser real. No pudo evitar planteárselo. Puede que nunca hubiera estado allí. Puede que todo hubiera sido fruto de su imaginación, un principio de la locura que genera tanta soledad. Una forma de huir de la tristeza que su subconsciente había creado para él. Sí, debía ser eso. La gente no aparece y desaparece de la nada. Los sueños sí. Y más si los sueñas estando despierto.
Cuando se dio cuenta, ya no olía a nada, sus manos estaban frías, y algunas pequeñas gotas de lluvia extraviadas caían sobre su pelo. Pero la que notó en el hombro era mucho más grande que el resto. Y mucho más sólida.
-Perdona, que con las prisas me dejaba el paraguas.
Siempre fue un poco exagerado.
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